lunes, 27 de julio de 2009

Importantes

VIP, acrónimo de very important people. Tener derecho a acceder a la zona VIP establece la diferencia entre aquellos que son importantes y los demás. Este tipo de discriminación no solo está admitida sino que constituye en sí misma una selección entre los mejores y el resto. Si la discriminación fuera racial o por sexo se produciría un revuelo entre los inquisidores de lo políticamente correcto que sería objeto de portadas en los periódicos y de un más que seguro rechazo social. Pero si la diferencia entre unos y otros reside en el dinero, la popularidad y el de la cuna familiar, el problema no es tal.
La vida de un personaje VIP es objeto de culto. Su casa, su estilo de vida, su forma de vestir, sus aficiones, derroches y excentricidades se convierten en bienes de consumo que son presenciados con admiración por los que somos menos importantes. Muchas veces, las idílicas imágenes de sus posados en lujosas mansiones y sus estudiados gestos de aplomo y saber estar, transmiten una sensación al espectador que afianza su privilegiada posición. La caída del mito se produce cuando han de expresar cualquier tipo de opinión sin un guión preestablecido. En ese momento los demás comprobamos que los importantes balbucean frases hechas a trompicones y adolecen de una conversación vacía de contenido: ¡casi como los menos importantes!
Los entendidos dicen que las grandes revoluciones producidas en África tras la descolonización surgieron a partir de que los negros comprobaron, en la lucha compartida en el campo de batalla, que el superhombre blanco era tan vulnerable a las balas y a las bayonetas como ellos. En ese momento, el mito se esfumó y se sintieron con la autoridad moral necesaria para desatar las ligaduras que les habían mantenido esclavizados durante siglos.
En nuestro caso, el mito (de los VIP) no desaparece porque lo necesitamos. Nos obsesiona crear individuos a los que admirar. La razón para que lo sean es lo de menos. Idolatrando a la comunidad VIP mantenemos las anteojeras que los menos importantes (bestias de carga) necesitamos para continuar con nuestra penosa y monótona tarea diaria. Con un poco de suerte nos puede llegar a tocar la lotería, tener éxito en el cásting de OT o GH y acceder al selecto y frívolo club mantenido por la industria periodística. Además si creamos mitos con cierta frecuencia nos podemos permitir el morboso lujo de presenciar algún que otro linchamiento de alguno de ellos, también aprovechado por la industria de la prensa, como no podía ser menos.

jueves, 23 de julio de 2009

Alternativo

Se bajó de la caravana y respiró hondo. Su aspecto denotaba cansancio. Vestía pantalones largos de lona, como los que suelen utilizar los montañeros en sus escaladas veraniegas y una camiseta negra de manga corta de algodón con un único símbolo en el pecho, aparentemente una palabra escrita en alfabeto tailandés, en color blanco. Notaba de nuevo en su piel la humedad del clima que había echado en falta estos últimos días y se sentía reconfortado por ello: se encontraba de nuevo en su patria.
Decidió tomar asiento en las escaleras de la furgoneta para atarse el cordón de su zapatilla de senderismo y en su cabeza daba vueltas a lo que había venido meditando mientras conducía de vuelta a casa. Le repugnaban los hombres con los que había tratado durante ese día en la capital. Eran jóvenes, incapaces de tener aún suficiente bagaje para haberse hecho merecedores del carísimo traje que lucían ante él. En su opinión, no se trataba sino de un disfraz que ocultaba la mediocridad en su interior. A él no le hacía falta todo aquello porque ya había demostrado sus virtudes de forma sobrada. Mientras pensaba en ello se mesaba los cabellos, rematados con una pequeña coleta que le daba su preconcebido aspecto alternativo que tanto le satisfacía.
Pero al fin y al cabo ya estaba de vuelta en casa y podía citarse con los colegas para contarles sus penas. Se despacharía a gusto junto a ellos sobre la cuadrilla de retrógrados que se había visto obligado a soportar para solicitar los fondos para NaturGEA, la ONG que había fundado junto a unos cuantos compañeros de la antigua delegación de alumnos. Era parte de su deber como máximo responsable tener que mezclarse con semejante calaña y tragarse su odio visceral hacia ellos. Merecía la pena, - pensaba él, - les sacaremos varios miles de euros para salvar la Margaritífera. Mientras se le comenzaba a dibujar una sonrisa en los labios por la buena labor desempeñada, se miraba en el espejo retrovisor para revisar la minuciosa tarea realizada en sus patillas durante el aseo matutino. Ciertamente, estaban perfectas.

miércoles, 15 de julio de 2009

De barrio (de toda la vida)

Ha quedado con P en la panadería para dar una vuelta antes de comer. Seguro que ya se ha enfundado su camiseta de Hilfiger y lleva las zapatillas blancas con el símbolo de Nike azul claro. Qué faena, él solo dispone como fondo de armario de unas zapatillas Paredes y unos Lois. Al menos la camiseta pasa el filtro de la mirada de sus colegas del barrio de toda la vida. Avergonzado por la facha, sale de su casa, casi pidiendo disculpas por lo ridículo de su atuendo.
La panadería es el centro neurálgico donde se concentran los jóvenes colegiales del barrio. Es ahí donde uno ha de atraer la atención de las jóvenes estudiantes del colegio de monjas. Se trata del colegio donde acuden las hijas de las parejas del barrio de toda la vida. Al llegar a la puerta, P le saluda y entran a pedirse una palmera de chocolate y un bote de coca-cola, inmejorable caldo de cultivo de un acné que se precie. Contentos con su botín se acomodan en el escalón junto al escaparate. P le pregunta si va a acudir a la protesta vecinal por el nuevo complejo de viviendas de protección social que se están construyendo en pleno corazón del barrio. Él niega con la cabeza. ¿Por qué habría de protestar por ello? No acaba de comprenderlo.
P le explica con animosidad que su padre le ha dicho que los nuevos vecinos traerán delincuencia y droga a un barrio decente. - Además, los nuevos habitantes no son del barrio de toda la vida (piensa él irónicamente). Mientras paladea la deliciosa palmera de chocolate se pregunta: pero, ¿cuántos años tiene el barrio? Mis padres siempre me han dicho que cuando se mudaron a vivir aquí tras mi nacimiento no había más que campo y algún pastor con sus ovejas... entonces, cuando P me habla de los del barrio de toda la vida ¿se referirá a las pacíficas ovejas merinas o a sus esforzados guardianes? Por la mirada de los que me rodean, yo diría que lo primero - piensa mientras les echa un vistazo de arriba abajo con sus ojos curiosos.

domingo, 12 de julio de 2009

Un libro

Un hombre camina por la calle. Mantiene un paso cansino y no parece tener prisa por llegar a su destino, en caso de que lo tuviera. Su mirada perdida denota una sensación de indiferencia respecto a todo lo que le rodea. Los viandantes que se cruzan a su paso, caminan apresurados y sudorosos, la mayor parte de ellos buscando la forma de escapar de la ciudad tras una semana más de resistencia. El hombre no tiene necesidad de escapar, no ha sido acorralado durante la semana y su única ilusión es encontrar un banco a la sombra para tomarse un respiro mientras el calor da una tregua.
El hombre observa detenidamente a los angustiados individuos y trata de adivinar en qué van a ocupar el tiempo libre que les corresponde por contrato. Cogerán el metro en la boca más cercana y tras el trayecto, en plena hora punta del mes de julio, y con las camisas empapadas de sudor, llegarán a la casa donde sus familias les esperan ansiosas por iniciar la huida. Acaba de empezar la encarnizada lucha por llegar a tiempo hacia el desesperado reposo semanal.
El hombre se acomoda cruzando las piernas de forma serena y enciende un cigarrillo mientras piensa en lo que se podría haber convertido su vida en el caso de que Elisa hubiera aceptado su proposición. Ella no quiso asumir el riesgo de una vida a su lado. Su objetivo era tener un hijo apresuradamente antes de que su edad le negara cualquier posibilidad y contratar una hipoteca a la que dedicar sus esfuerzos durante los 30 próximos años, aunque para ello tuviera que renunciar a su gran amor. Mientras apura su última calada medita sobre su futuro. Estará solo, no le cabe duda. A estas alturas, las conversaciones vacías propias de los flirteos nocturnos ya no le interesan, ni siquiera para llevarse a una cuarentona a la cama de tarde en tarde. De haberse querido engañar, ya tuvo la oportunidad de hacerlo con aquella a la que quiso deseperadamente.
El hombre se levanta y camina hacia la librería. Busca entre las estanterías una novela que cierto día regaló a Elisa y nunca más pudo encontrar. Mala suerte. El librero, testigo de numerosas búsquedas en vano, se acerca al hombre y le ofrece un libro en una bolsa de plástico. Él lo acepta con un gesto de agradecimiento sincero y con un lacónico "gracias" se despide hasta la próxima semana.

viernes, 26 de junio de 2009

Científico

Este mes me ha dado por las palabras mágicas. Aquellas que provocan una avalancha de optimismo o confianza sobre el sustantivo que califican. Este texto se puede incluir dentro de mi obsesión personal por aquellas palabras que han resultado desvirtuadas por un uso chabacano y tendencioso (léase Palabras corrompidas).
Me provoca cierta curiosidad comprobar cómo cuando alguien quiere legitimar cualquier chisme cuya efectividad ofrece dudas razonables empieza su argumentación con "...estudios científicos han comprobado la efectividad del (chisme)...". En ese momento, el crecepelo, alargador de pene o matacucarachas eléctrico de turno resulta santificado ante la sociedad.
Suponiendo que no se trate de uno de los embustes propios de las técnicas publicitarias (es mucho suponer) estamos acostumbrados a pensar que si un estudio científico ha validado la efectividad de un producto ya no es preciso dudar sobre ella. Sin embargo, basta con estudiar la evolución de los avances científicos de cualquier proceso o fenómeno físico, biológico, etc. para localizar estudios científicos completamente erróneos, bien por las hipótesis o postulados iniciales o simplemente por un incorrecto razonamiento entre los postulados y las conclusiones o leyes generales deducidas. Ello no significa que éstos no resulten útiles, ya que los errores de unos orientan los aciertos de otros y en la equivocación reside una parte importante del aprendizaje personal. Únicamente refleja que los estudios científicos son producto de una actividad humana y, por lo tanto, están sujetos a subjetividades, errores de planteamiento, sistemáticos o de generalización.
En mi opinión, la conclusión que hay que extraer acerca de todo esto se resume en la desmitificación de la ciencia. Nuestro análisis crítico ha de estar siempre alerta ante cualquier razonamiento científico, por muy fiable que parezca. En caso contrario, corremos el peligro de ser tan dogmáticos como aquellos que desprecian la utilidad del método científico.

jueves, 18 de junio de 2009

Cambio

Palabra mágica donde las haya. Cada cuatro años se debe producir "el cambio" y todos a aplaudir porque eso presupone que la a situación va a mejorar. Nos encanta cambiar, reformar, remodelar. Lo que hoy es negro, mañana blanco; la mujer a la que perseguimos desesperadamente para conseguir su amor ya no nos atrae tras unos meses de convivencia; el best seller de este momento ya no vale para el año siguiente; el mejor jugador del mundo de ayer a mediodía, mañana será repudiado... Y lo peor es que se admite tácitamente que la actividad de cambiar per se, resulta saludable.
Pero, ¿qué sucede cuando algo funciona bien?¿cómo se pueden realizar planificaciones globales a largo plazo que racionalicen una actividad con un escenario de cambio cíclico?¿es que todos los que han trabajado a lo largo de la historia en un área del conocimiento o en una actividad profesional son unos ineptos? ¿somos nosotros más listos que ellos sólo por tener la voluntad de cambiar lo que han hecho?
Lo que dice la sensatez es que aquello que funciona no debe ser modificado en lo sustancial. Su conservación, adaptándolo a los nuevos ciclos históricos, se debe entender como un beneficio global porque permitirá optimizar los esfuerzos hacia aquello que realmente no ha llegado a conseguir un resultado exitoso. Pequemos por un momento de humildad y sepamos reconocer que el de enfrente, sea nuestro rival o no, ha podido realizar actividades de mérito durante su etapa de actuación y sepamos seleccionar aquello que debe ser preservado, sea quien sea el que haya participado en su desarrollo. Simplemente basta con dejar a un lado el sectarismo y los prejuicios para poner por delante la honestidad, la razón y el sentido común.
Soy consciente que pedir que se imponga esta filosofía en estos tiempos resulta propio de locos o ingenuos pero el subtítulo del blog está bien elegido...

viernes, 12 de junio de 2009

Estremecedor

La repercusión de un adjetivo puede ser la muestra de la evolución de la personalidad. Este hecho lo he venido meditando desde hace algún tiempo ya que me sorprende profundamente que la conciencia y los valores cambien a lo largo de la vida. Siempre he pensado que las personas no cambian, simplemente aprenden. Durante la juventud, donde la sinceridad y la ingenuidad prevalecen sobre los intereses personales, uno se muestra esencialmente como es, pero a medida que envejece, asimila que no le favorece mostrar lo peor de sí y se autoeduca para mostrar su lado más sociable. En los peores y más cínicos individuos, la alienación provocada por este aprendizaje se une a su intrínseca condición para llegar a formar un panorama desolador.
Sin embargo, he comprobado que mi propia escala de valores ha cambiado bastante con los años. Sigo siendo el mismo buenazo (para mis amigos) o cabronazo (para los que no lo son, es decir la gran mayoría) de siempre pero los sentimientos que me sobrecogen ya no son los mismos. En mi juventud me sobrecogía la violencia, la crueldad, en general todo aquello que conllevara una maldad extrema. Todo aquello me impresionaba y alteraba mi ánimo, provocándome cierta curiosidad por ello.
Con el paso del tiempo, la maldad únicamente me provoca un profundo aburrimiento y un desinterés total, quizá por la costumbre de convivir con ella a diario. Sin embargo, una mirada inocente y sincera de un ser genuinamente bondadoso me provoca una convulsión interna que no soy capaz de controlar. Me resulta imposible dominar mis sentimientos cuando sus ojos me preguntan ¿por qué? ante una situación injusta o cuando me está mostrando su cariño sin decir una palabra. Alguno de estos momentos, que tengo guardados en mi memoria, me resultan deliciosamente demoledores y, al mismo tiempo, me provocan un vértigo insuperable.
En algunos, muy pocos, aspectos la edad corre a favor del individuo y al experimentar este tipo de sensaciones uno aprende que merece la pena vivir, aunque sólo sea para que un niño le mire a uno a los ojos.

martes, 2 de junio de 2009

Campaña

Asistimos de nuevo al bochorno electoral. Los candidatos se empeñan en provocar vergüenza ajena con sus actitudes y la parafernalia que rodea a las campañas. Mientras el país se debate en una grave crisis económica se despilfarra dinero de los contribuyentes en fastuosos mítines, banderitas de plástico y multitud de carteles con la clásica media sonrisa de rigor, tan falsa como sus argumentos. Alguien se ocupará de llevar al bebé en el mitin para que el líder le bese en la mejilla entre los flashes de los fotógrafos y las cámaras de televisión. Todo bajo control, los jóvenes en estado de éxtasis cuasi metafísico, aparecen en segundo plano, arremolinados alrededor del ara electoral, mientras el líder gesticula, insulta, eleva el tono y ridiculiza al contrario. La muchedumbre a modo de jauría animal aúlla interumpiendo a su líder, para que éste se sienta repaldado a la hora de continuar con su perorata...
Me niego a aceptar que éstos sean los que han de representarnos. Me parece increíble que personas, que aparentan cierta altura intelectual, puedan verse en la pantalla de televisión protagonizando este tipo de actuaciones y no se ruboricen. En fin, es lo que hay. Quizá sea cuestión de tiempo. Al fin y al cabo la democracia es aún joven y quizá nos falte tradición para conseguir que en las campañas se guarde la compostura y que el sentido común, unidos al estilo y la educación, sean las armas de nuestros políticos de turno. Entre tanto deberemos hacernos fuertes y soportar instantes de vergüenza ajena mientras nos abalanzamos sobre el mando a distancia para cambiar rápidamente de canal.

miércoles, 13 de mayo de 2009

G

Hoy me he dado cuenta de que tras varios meses escribiendo sobre mis manías, obsesiones, pensamientos, la mayor parte de ellos gilipolleces, he dejado un poco de lado a las personas, lo que realmente importa. Y al primero que quiero (necesito) dedicarle unas líneas es a G. Dado que este texto está dedicado a ti, lo escribiré en segunda persona porque quiero engañarme creyendo que me puedes escuchar. Hace 5 años que no nos vemos, pero como puedes ver, no te olvido, compañero. Recuerdo, con añoranza, las charlas hasta las tantas, las borracheras y la complicidad llevada al extremo. Los que te conocemos, sabemos que era difícil superar tu conversación, plagada de inteligentes pensamientos y de todos los recuerdos de nuestra niñez con los que tanto nos reíamos. No es sólo cuestión de tu memoria fotográfica, es cómo lo contabas. Tus amigos de Castellón siempre me lo decían, es más divertido que te lo cuente G a que lo experimentes directamente, eso sólo lo explicaba una cosa: tu talento. Al final no me llegó la Harley que me prometiste con los derechos de autor de tu primer disco, pero sigo escuchando tu maqueta de Diecisiete. Es una parte del legado para tus amigos y hemos de mantenerlo vivo como te habría gustado, escuchándolo.
Hubiéramos pasado buenos ratos contándonos los chismes del cole que he vuelto a revivir con la presencia de mis hijos tras un puñado de años desde que salimos. Es muy gracioso ver a nuestros profes con prominentes calvas y achacosos, cuando nosotros los conocimos en la flor de la vida. Otros ni siquiera están, pero realmente te das cuenta que las cosas siguen como siempre. En fin, esta charla la dejaremos para cuando nos podamos reunir de nuevo (nuevamente me quiero engañar a mí mismo). Eso sí, la primera historia que quiero que me cuentes es la del P. Félix cuando le dijo inocentemente a las niñas del coro que pasaran y se quitaran la ropa...
Bueno, hermano, me dejaste solo, ¡cabronazo! pero cuento contigo, tu recuerdo pervive y yo me encargaré de mantenerlo. A veces, cuando voy al trabajo en el coche, se me dibuja una media sonrisa en los labios y eso te lo debo a ti. Incluso cuando no estás me alegras la existencia. Gracias. Por cierto, Martín Vázquez comenta los partidos de pena, aunque ya sabes que era el mejor de la Quinta del Buitre.

lunes, 11 de mayo de 2009

To be or not to be (a sheep)

Ser un borrego o no serlo, ésa es la cuestión. En general, la natural tendencia del ser humano a socializarse  tiene un precio: su independencia. Pensemos en algunas situaciones bien conocidas: el representante del grupo parlamentario levantando su dedo índice para indicar a sus aborregados compañeros lo que han de votar; el grupo de amigos en el que aquél qué más liga o cuyo riñón destila más alcohol, decide dónde se va esa noche de parranda y el resto de la pandilla le sigue obedientemente; la pregunta retórica del chef del restaurante sobre si la cena ha estado a nuestro gusto; la sonrisa forzada ante un chiste estúpido de un amigo de tu cuñado en una reunión familiar; la incompresión de los amigos motivada por una amistad no aceptada previamente por ellos; o simplemente un linchamiento...
Todas estos escenarios llevan consigo la renuncia a nuestra identidad y la adopción de una postura socialmente correcta para no mandar al resto de ciertos personajes que nos rodean donde se merecen... Esta conducta de constante alienación no permite que el individuo se desarrolle como tal. Más al contrario, alimenta poco a poco la formación de la típica mirada ovina con la que aceptamos nuestro destino con resignación. Las manifestaciones, los actos sociales o deportivos, alimentan la cultura de grupo y muchas veces uno, involucrado en uno de estos eventos, siente verguenza ajena por las actitudes de parte de los integrantes del rebaño del que le ha tocado formar parte. En ese caso, si uno toma la iniciativa de defender su dignidad personal oponiéndose al criterio general, está perdido, porque su grupo le aborrecerá y para los grupos competidores, uno siempre será un rival no deseado.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Facilidades

Ya ha comenzado la campaña publicitaria de la Agencia Tributaria, eufemismo para no pronunciar la demoníaca palabra de Hacienda, en la que se presentan la facilidades que el Estado pone a nuestra disposición para presentar nuestra declaración de IRPF. Conmovedor: un logotipo con vivos colores, una señorita preciosa sentada en una mesa, con una silla vacía enfrente y un moderno micrófono de teleoperadora, esperándonos con su sonrisa angelical para que todas nuestras dudas sean aclaradas sin ningún tipo de colas o esperas innecesarias. 
Antes de ver el anuncio conviene darse un paseo por la calle Maldonado a las 3 de la mañana para comparar estas facilidades con las "facilidades" que se les brinda a los inmigrantes que necesitan tramitar los papeles de residencia o permiso de trabajo. A esa hora una serie de personas se acurruca en la acera haciendo tiempo para obtener número en la cola de extranjería. Al amanecer, casi como en el  cuento de la cenicienta, la señorita angelical se ha transformado en un guardia jurado con una cicatriz en la mejilla y cara de pocos amigos y el sillón de enfrente de la mesa de atención personalizada, en unas vallas metálicas junto a la acera de la calle a modo de pasillo de ganado, para que la fila se mantenga derechita.
La desfachatez del Estado queda disimulada por el escaso interés que merece este tipo de abusos entre la gente decente. Pocos nos escandalizamos por este tipo de situaciones, y la capacidad de influencia del grupo de afectados en los medios de comunicación es mínima. Como mucho, se conseguirá que la cola, actualmente formadas incluso en barrios acomodados, se realice en unas oficinas más discretas, apartadas, donde no produzcan molestias a los vecinos que presencian el espectáculo.

sábado, 2 de mayo de 2009

Infalibilidad

Un hombre se coloca una sotana blanca e instantáneamente se transforma de un ser humano, un animal racional caracterizado por acertar y errar, a un semidios que, según el diccionario "no puede errar". Ese hombre se despierta todos los días sabiendo que no puede errar y se debe convencer a sí mismo para poder creerse semejante falacia. Mientras toma café con tostadas, medita sobre encíclicas y teología y en cada una de las cuestiones que analiza tiene dudas razonables. Su inteligencia y altura intelectual choca con la razón únicamente para mantener absurdos dogmas de la tradición eclesial. Pero eso no es lo más importante. En realidad, tanto él como los fieles que le siguen tienen todo el derecho del mundo de creerse lo que ellos deseen. El problema viene por otro motivo, relacionado con la libertad del resto para opinar, cuestión que a veces a este colectivo le resulta difícil de asumir, y su dependencia financiera del Estado. Este último aspecto implica que, en cierta medida, los contribuyentes estamos financiando campañas publicitarias a favor de consignas que no compartimos y, en esta ocasión, no tenemos la posibilidad de usar nuestro voto para remediarlo. Esto resulta difícil de admitir, y es la principal razón que legitima el derecho de los que no compartimos la doctrina de la iglesia para elevar la voz en contra. Ello no es óbice para reconocer el trabajo abnegado de muchas parroquias a favor de los más desfavorecidos, y el mérito de un gran número de militantes que forman las bases de la iglesia. Esta labor es la que merece esa financiación pero, por desgracia, no existen los mecanismos para conocer el reparto interno de los fondos que el Estado le reserva cada año.

jueves, 30 de abril de 2009

Influenza

Un hombre con mascarilla habla sobre el peligro de la pandemia. Los que le rodean, también armados de las ridículas protecciones, miran atentamente la entrevista del periodista de la televisión. Todos, incluido el periodista, han tomado las debidas protecciones profilácticas para que la infección no les afecte. Todos, incluido el periodista, tienen miedo a la enfermedad, o siendo más precisos, tienen miedo a morir. La mayor parte de ellos profesa una religión que reconoce la resurreción de los muertos y que promete una vida eterna y feliz. Todos ellos saben con certeza que morirán. Todos ellos, salvo los suicidas o los enfermos terminales, saben que no podrán predecir la fecha de su muerte, pero este hecho no les produce el mínimo temor. Morir infectados por un virus, aparentemente sí. Muchos de ellos conocen que la probabilidad de morir de un accidente de tráfico supera con amplitud la probabilidad de morir por ese virus, pero al subir a su coche se quitan la careta y respiran aliviados. Las autoridades sanitarias emprenden campañas para adoptar medidas y tranquilizar a la sociedad. La alarma social no es porque haya surgido una epidemia sino porque, esta vez, la epidemia puede afectar al higiénico y aseado primer mundo aparentemente aislado de todo tipo de peligro. Las epidemias de malaria y tuberculosis en el tercer mundo provocan un tímido gesto de contrariedad y, como mucho, un par de euros en el sobre del Domund. Pero al menos nos queda el respiro de los ingresos extra que seguramente alcanzarán las empresas que comercializan las mascarillas y el tamiflu, que obtendrán pingües beneficios a costa de la estampida social. Nos comportamos como ganado y este hecho se acentúa en los momentos difíciles. La altanería y el gesto orgulloso de los ciudadanos acomodados sobre las butacas de cuero de sus potentes automóviles alemanes se tornan en ojos de cordero degollado cuando un pequeño ser vivo sufre una mutación. Los problemas principales de su existencia dejan de ser las posibilidades de éxito de Fernando Alonso o el campeonato de Liga. Ahora se trata de ser los agraciados en la lotería del virus. Que no nos toque, piensan todos. El virus no es clasista, admite a todos como recipiente y eso, a pesar de todo, es de agradecer. Al menos el microorganismo va a poner a todos a un mismo nivel. Ésto no lo ha podido conseguir ningún ser humano a lo largo de la Historia.

sábado, 11 de abril de 2009

Tertulianos

A medida que pasan los años me he ido convenciendo de la dificultad inherente a la labor de crear o construir cualquier tipo de cosa. Hasta la tarea creativa más sencilla requiere de habilidad, imaginación y una importante dedicación para que su objetivo sea cumplido exitosamente. Muchas veces, la propia necesidad de improvisar una solución sobre la marcha, sin haber tenido una experiencia previa al respecto, nos lleva a interiorizar esa dificultad de la que hablo. Cuando alguien se dedica a crear, también aprende lo sencillo, humano y sano que resulta equivocarse. Este hecho es el medio a través del cual los creadores depuran su técnica para alcanzar la excelencia. Por lo tanto, todos deberíamos reivindicar el derecho a equivocarnos, porque realmente lo necesitamos.
Pero hoy en día la equivocación no está de moda. El que se equivoca debe ser lapidado por ello y el miedo al castigo hace que trate de esconderse cualquier atisbo de error para que no sea detectado por los demás. Resulta paradójico que en el mundo donde la chapuza está generalizada nadie esté dispuesto a reconocer un error en una labor creativa. A veces nos creemos más cerca de lo divino que de lo humano.
En paralelo a este tipo de labores, que se basan en la máxima virtud del ser humano, es decir, en su ansia por aprender, realizar algo donde no hay nada para el provecho individual o social, existen otras, actualmente de gran prestigio profesional, cuyo origen está en el lado negativo y destructor de las personas. Sin embargo, como todos sabemos, destruir es muy sencillo y cualquier mediocre inexperto puede llegar a ser un magnífico demoledor de bienes, ideas y obras. La punta de este gran iceberg, que es capaz de hundir hasta los más imponentes navíos, está formada por los periodistas de opinión o más comúnmente llamados tertulianos.
Deberíamos analizar la razón de su éxito desde un punto de vista global. En líneas generales estamos tratando de una recua, con perdón para las bestias de carga que tanto bien han hecho a la sociedad a lo largo de la historia, de personajes de alto copete, generalmente muy valorados por la sociedad, asiduos de los palcos de alto nivel de los clubes de fútbol, y cuya labor fundamental es analizar lo torpes que son el resto de sus congéneres que en el día a día están tratando de tomar iniciativas para avanzar, con mayor o menor grado de acierto. 
En general nunca han creado nada y cuando les ha tocado intentarlo, se han caido con todo el equipo. Por su gran prestigio y su capacidad de influir en las masas son temidos por todos sus semejantes porque el linchamiento es una una de sus armas estratégicas. Cuando ellos han juzgado y sentenciado, el reo está perdido: su nombre y el de su familia serán pisoteados en la plaza pública sin el más mínimo pudor. Lo mismo da que, pasados los años, las sentencias judiciales les quiten la razón y demuestren que fallan más que una escopeta de feria, ya que lo importante es dejar cadáveres por el camino para que la ciudadanía, como ellos mismos dicen, tenga olor a carne fresca a diario, al más puro estilo del circo romano. Desde sus poltronas y la impunidad que les da estar del otro lado de la alcachofa se despachan a gusto con aquellos que les parece. 
Mi preguntas son ¿y a ellos, quién les controla? ¿dónde está la horma de su zapato? ¿qué manera existe para que de una forma rigurosa se puedan rebatir todas sus mentiras? y, en ese caso, ¿qué responsabilidad se les habría de exigir cuando esas mentiras quedaran demostradas? ¿Cómo se podrían resarcir los injustamente apaleados y linchados de todo el mal que se les ha provocado?

viernes, 20 de marzo de 2009

Hippies con visa oro

El mundo hippie me ha producido una fascinación desde mi más tierna e idealista juventud. Todo lo que rodeaba ese mundo me parecía genuino, exento de falsas apariencias, de egoísmo y, en definitiva, pleno de libertad extrema, mejor o peor entendida. El coqueteo con la muerte, a través del mundo de las drogas y el alcohol, y su delirante burla al capitalismo, elevaba a los protagonistas, desde mi punto de vista, a la categoría de mitos vivientes. El efecto escandalizador de sus orgías y comunas de sexo libre sobre la previsible y abobada sociedad media, la autodenominada con gran orgullo por su parte como gente decente, me resultaba de lo más agradable. Quizá, visto desde mi punto de vista actual, esto  estuviera motivado más por mi desprecio hacia el mundo que me rodeaba que por el conocimiento de los entresijos de este movimiento, que en realidad ignoraba del todo. Pero quizá los mitos lo son precisamente por ese motivo, por su lejanía y por la componente de idealización que uno mismo genera. Lo cierto es que no se imagina uno a sus ídolos en pijama o con rulos nada más levantarse de la cama. En fin, con todas las luces y sombras que rodeaban el asunto, me sentía atraído por su liturgia, costumbres y apariencia, aunque fueran totalmente opuestas a las vividas por mí. Mi opinión es que este movimiento tuvo su momento histórico, surgió a partir de la compleja realidad que les tocó vivir a finales de los 60, y estaba condenado al fracaso. Probablemente si no hubiera fracasado hoy no resultaría tan atrayente para el recuerdo.
Pero el motivo de mi redacción no es rememorar una realidad pasada ni elogiar algo que, a día de hoy, no me atrae en absoluto. Realmente, me he decidido a escribir estos párrafos tras el conocimiento de un nuevo y esperpéntico movimiento hippie de lo más grotesco. El biotipo de este colectivo sería un niñín, con pelito aparentemente descuidado y familia acomodada, que se te presenta con su amplia camisa vaporosa de lino de rayitas, sabiendo todo en la vida y con aires de superioridad sobre todos esos mediocres que visten corbatas y trajes de chaqueta. Luego, cuando indagas más sobre su vida, se destapa con que vive en casa heredada, tiene coche de papi e incluso barco de recreo. Eso sí, él es muy "guay", defensor de los mas desfavorecidos, ecologista y pacifista ¡Qué monada!

domingo, 22 de febrero de 2009

Palabras corrompidas

Me ha interesado desde hace tiempo pensar en aquellas palabras que por diversas razones han perdido paulatinamente legitimidad en su contenido original. Tanto es así que muchas veces uno prefiere descartarlas de su vocabulario para no mezclarse con esta nueva tendencia corruptora. 
Para empezar he seleccionado la palabra "sostenible". Según la RAE se define como "adj. Dicho de un proceso: Que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes". Conceptualmente es un término sencillo, pero su uso está teñido del más hediondo tufo a discurso vacío y políticamente correcto al servicio de la retórica ecologista. Cuántas mentiras y sandeces puede decir uno si en el título de su discurso se incluye este mágico adjetivo.
Sigamos con "sinergia". Se define como " .f. Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales" Esta palabra no está corrompida por un uso inapropiado sino por lo esnobs que habitualmente hacen uso de ella. No es fácil asistir a una reunión con destacados consultores empresariales sin que aparezca esta palabreja asociada a un gesto de altura intelectual por parte del que la utiliza. Aún recuerdo las miradas de incredulidad entre los asistentes a ciertas reuniones cuando escuchábamos las recetas para salvar nuestro ineficaz departamento a base de buscar "sinergias"...
La palabra "lealtad" que si bien se define como: f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien es frecuentemente considerada como un cheque en blanco que sirve para comprar silencios, mantener influencias o, simplemente, prevadicar. ¿Cuántas veces hemos presenciado agrias declaraciones entre políticos echándose en cara "deslealtades" por sacar a la luz verdades, cuando estaban pactados leales silencios?
Podemos seguir por "exclusivo": f. Privilegio o derecho en virtud del cual una persona o corporación puede hacer algo prohibido a las demás. El sustantivo calificado por este adjetivo pasa a ser digno de aristócratas, oligarcas y nobles. Así, la publicidad hace un uso desmedido de esta palabra incluso para referirse a bienes tan poco exclusivos como coches de gama intermedia, pisos en barrios medio-burgueses, etc. Sin embargo, los bienes realmente prohibitivos y al alcance de unos pocos casi nunca son calificados como "exclusivos", generalmente porque no es necesario aclararlo: todos sabemos que no los podemos pagar... Pero resulta curioso el morro que conlleva apropiarse de algo que no está al alcance del resto de los mortales.
Continuará...

jueves, 12 de febrero de 2009

Publipunto punto com

No puedo dejar de escribir en el blog sobre esta insigne institución publicitaria que me ha proporcionado algunos de los momentos de radio más grandes de mi vida. Tengo que reconocer que el efecto que producían en mí los anuncios de esta plataforma cuando escuchaba la radio, mientras conducía mi coche de vuelta del trabajo, era revitalizante. El agobio de los objetivos empresariales, la falta de contratación o la presión de los clientes pasaban a un segundo plano cuando Ramiro López empezaba a hablar de sus productos Butterfly Evolution Gold o el Angel's Driver GPS. Todos ellos con rimbombantes nombres anglosajones, como corresponde a la alta tecnología que desarrollan, que nunca estaría a la altura de nombres como El Anti-Ronquidos o el GPS de Ángel, el Conductor...
Los productos de publipunto son de última generación, no como los de la competencia que, literalmente, según Ramiro, "son más viejos que la Chana". Además, muchos de ellos están homologados por la FDA norteamericana, lo que debe querer decir que han pasado los más estrictos controles de calidad y deben tener una tecnología que ya querría la NASA para sus cohetes. La sonrisa al volante se va convirtiendo en carcajada: hay que centrarse en la conducción que me la pego...
Pero lo mejor viene cuando empieza la explicación técnica del producto, con las palabrejas ininteligibles y los estudios de los expertos que avalan la tecnología. ¡Ahí Ramiro se sale! Por ejemplo, analicemos esta perla:
"Butterfly Evolution Gold Line es el electroestimulador perfecto para conseguir el cuerpo que siempre deseo, esta dotado de un sistema único de micro impulsos de ondas orgónicas y bióticas capaces de enviar MAS DE 1.000 ESTÍMULOS MUSCULARES POR MINUTO"
Cuando el oyente escucha que se trata de un "sistema único de micro impulsos de ondas orgónicas y bióticas" o que "el aparato actúa vaciando los adipositos" es cuando por fin se percata de la verdadera razón de la efectividad del chisme y de cómo no se le ha ocurrido antes aplicarse micro impulsos orgónicos hace unos años para eliminar el barrigón cervecero... Llegados a este punto, la conducción se hace extremadamente peligrosa, porque las lágrimas empiezan a nublar la vista y sería recomendable pararse y lanzarse a la primera cuneta disponible para revolcarse y esperar al final del ataque de risa...
Lamentablemente, mi nueva situación personal no me ha permitido escuchar estos anuncios con la frecuencia que uno desearía, pero he descubierto un nuevo producto anunciado en una franja horaria compatible con mis nuevos quehaceres que me ha vuelto a alegrar la existencia: se trata del Snore Stopper. Ahí va la perorata teórico-teorética, como diría un viejo amigo mío:
SNORE STOPPER un dispositivo de alta tecnología que parece un reloj, que se ajusta a la muñeca y mediante un proceso de retrobioalimentación detecta el inicio del ronquido y envía automáticamente un suave impulso electrónico para estimular los nervios de la piel durante 5 segundos hasta que el usuario deja de roncar, devolviendo los músculos laríngeos a su posición normal o altera la posición del sueño.
Es decir, que cuando la/el parienta/e se transforma en una motosierra con motor de dos tiempos de gasolina, el aparato se retrobioalimenta y le pega un pellizco en el brazo que lo deja tieso, devolviendo a sus músculos laríngeos a su posición normal. Aaaaaaaaaaamigoo... ¡Lo que inventa el hombre blanco!
Pero, dejando a un lado la jerga científica y los tecnicismos con que describe Ramiro sus productos, tampoco es moco de pavo la estrategia comercial sobre ofertas y precios. Resulta que los productos se venden "en toda Europa" a un precio 2x pero Publipunto te las ofrece a x porque se trata de las últimas unidades: pues llevan vendiendo las últimas unidades unos cuantos años...
En cualquier caso, Ramiro, los ratos que nos has ofrecido no se pagan con dinero, así que se te perdona todo ¡Viva publipunto punto com!

lunes, 9 de febrero de 2009

El ganado técnico superior

En los últimos tiempos he participado sin enterarme en uno de los delitos más perseguidos en el antiguo Oeste norteamericano: el cuatrerismo. No se trata de cuatrerismo al uso sino de lo que yo he denominado, al no encontrar una palabra que lo pueda definir con exactitud, como cuatrerismo técnico.
Este tipo peculiar de cuatrerismo se produce cuando un ladronzuelo osa "robar" una cabeza de ganado técnico de un rebaño de una gran empresa. El delito en cuestión consiste en proponer a un trabajador de la empresa (res técnica) un cambio de trabajo tras conocer que no se encontraba a gusto en su empleo. Cuando esto llega a los oídos del gran jefe del rancho, la ira le ciega y entonces prepara el árbol del ahorcado para ejecutar al cuatrero. A los gritos de "me has tocado a mi gente" o "te estás llevando a mi ingeniero" despotrica contra el ratero que ha echado el lazo al pobre animalito, que sin capaz de pensar por sí mismo, dado que sólo es un simple ingeniero superior, se deja llevar hacia el matadero de una empresilla de tres al cuarto. Este hecho hace que bajo la foto del cuatrero se escriba la frase de SE BUSCA con una módica recompensa.
El jefe del rancho nunca se plantea por qué la res técnica ha decidido marcharse con el ladrón, incluso cuando los pastos sean menos copiosos y no estén garantizados en el futuro...Y no se lo plantea porque precisamente para él, ese individuo no es más que una res del ganado técnico superior. Jamás ha pensado en tratar a estos animalitos como personas y tratar de ayudarles a superar los problemas que provocan el malestar en su trabajo.
Pero el jefe del rancho sigue ahí, con su rifle bien cargado, por si alguna otra res trata de descarriarse u otro cuatrero se acerca a llevarse sus adocenados animalillos. Algún día comprenderá que la única forma de mantener a su "ganado" es tratarlo como se merece, como personas de altísimo nivel que merecen ser escuchadas y comprendidas. Mientras tanto, que el cuatrero no se ponga a tiro.

sábado, 31 de enero de 2009

Cabezas de turco

Los que teníamos cierta cercanía a los detalles de la planificación hidráulica prevista para sustituir la retrógrada y diabólica política de trasvases del anterior gobierno esperábamos con curiosidad el momento en que estallara la mascarada.
Pero lo más interesante, por encima de conocer las razones oficiales, que serán probablemente falseadas de nuevo, como lo fueron las razones de su planteamiento inicial, era la sentencia del juicio sumarísimo del que saldrían los reos a ejecutar como culpables de no llevar a cabo el maravilloso plan desalador. En esta segunda cuestión los políticos lo tienen muy fácil: los ingenieros. Éstos juegan un valioso papel como marionetas a aporrear en caso de que la cosa se ponga fea. Su enorme delito es tratar de llevar a cabo sus delirios de la forma menos dañina. Además, como buenos y leales muñecos de trapo, permanecen callados, aguantando el tipo mientras dure la pública lapidación.
En el caso de que finalmente se produzca un éxito aislado, se mete a la marioneta en el cajón de madera y el político de turno se hace la foto oficial cortando la banda rojigualda delante de un puñado de periodistas. 
Todo fácil, higiénico y aseado. Los contribuyentes no solemos conocer de forma precisa la enorme cantidad de dinero dilapidada de los fondos del Estado en estas aventuras autonómico-festivas con aliño ecológico (que vende mucho y es fácil de manipular), por lo que no se producirán consecuencias en las urnas, que es lo que realmente preocupa.

viernes, 30 de enero de 2009

Despachitis

Trato de designar con esta palabreja las enrevesadas consecuencias que suele provocar la asignación y organización de despachos en las oficinas de los centros de trabajo. Tener un despacho de determinadas características es una cuestión que puede provocar fieras disputas y encarnizados enfrentamientos entre el personal. 
Como manda la ortodoxia, los jefes disponen de oficina con amplias superficies y mobiliario de diseño. Este caso no suele resultar problemático al no plantearse su disponibilidad por parte de los parias de la organización, los subordinados. El problema viene con  los agravios comparativos provocados por la asignación de despachos entre los segundos niveles de dirección y mandos intermedios. Es ahí donde las envidias y el orgullo se inoculan en la sangre de los agraviados dando lugar a esta contagiosa enfermedad. La antigüedad se añade a este peligoso entorno formando la reacción en cadena que desemboca en la tempestad final: "éste, que es un nivel 24, acaba de llegar y mira, ya tiene despacho para él sólo y ¡al lado de la ventana!, y nosotros que somos un 25 y llevamos aquí desde que se inauguró el edificio estamos en este cuchitril...
La segunda derivada es la posición o el equipamiento del puesto en un mismo despacho: la ventana, la orientación del monitor para que no sea visto por los demás, la dimensión de la mesa, el tamaño de la pantalla, el tipo de ordenador... Todo influye a la hora de mirar al vecino con los ojos inyectados en sangre pensando en la grave injusticia cometida por el director de departamento hacia uno, que "se lo merece más,  pero que no es un pelota como Gutiérrez".
Otra cuestión digna de análisis es el efecto anestésico para esta enfermedad que produce que el despacho esté sin ocupar al no estar asignado a nadie. Esta circunstancia no produce malestar, dado que "aunque uno no puede disfrutar de ese maravilloso despacho con luz y un buen puñado de metros cuadrados, nadie, que se lo merece menos que yo, lo hace", por lo tanto no hay motivo para el conflicto...
Estos aspectos reflejan en gran medida lo que somos, y dejan a la vista las miserias que impulsan nuestras reacciones. Llevando este tipo de análisis a otra escala podemos empezar a atisbar los mecanismos que gobiernan nuestro comportamiento como sociedad.

sábado, 24 de enero de 2009

Los peligros del bienestar

La consecución del estado del bienestar ha sido uno de los objetivos de nuestra sociedad en las últimas décadas. Este avance, que resulta un indudable progreso, ha provocado que la calidad de vida actual esté entre las más altas del mundo.  Lo que cabría esperar es que este progreso social llevara asociado un incremento en la virtud personal de los individuos, dado que se facilitan los medios necesarios para aumentar la formación individual y los grandes principios que se nos han inculcado son valores tan genuinos como la libertad, la igualdad o la solidaridad, entre otros. 
Pero la condición humana es compleja, y lo que debería ser un  escenario perfecto para  el desarrollo integral de las personas, se puede convertir en el caldo de cultivo en el que crecen indolentes, vagos o simplemente imbéciles. 
Si nos fijamos en la Historia, encontramos ciclos donde a épocas de progreso le siguen grandes crisis manifestadas en guerras, conflictos o revoluciones. Mi opinión (es probable que si lee esto un sociólogo piense que uno de los imbéciles de los que estoy hablando sea yo mismo) es que las sociedades necesitan para desarrollarse afrontar dificultades, porque su propia superación hace crecer a las personas que las integran. Cuando uno escucha atentamente las opiniones de personajes de las generaciones que superaron las guerras, los campos de concentración, el exilio, la persecución política, siente que sus valores, sus sentimientos y su dimensión humana están muy por encima de lo que estamos acostumbrados a conocer dentro de nuestra idílica sociedad. Es una sensación parecida a la que uno tiene cuando observa imágenes de un animal salvaje y uno de la misma especie criado en cautividad, con todas sus necesidades vitales aseguradas de forma artificial.
Mi opinión es que el propio bienestar genera un entorno de vida fácil, en donde las necesidades más primarias están aseguradas y el tiempo para el ocio se multiplica desmesuradamente. Ello provoca una preocupación desmedida por lo banal en forma de esclavitud por las modas, los caprichos y el narcisismo. Este es el proceso de idiotización masiva que poco a poco degrada a la sociedad. Cuando esta degradación llegue a un estado suficientemente profundo comenzará la curva descendente del ciclo que provocará la crisis histórica que corresponde a nuestra era. El tiempo dirá.

viernes, 23 de enero de 2009

Un perdedor satisfecho

El día que tomé la decisión de pasarme al bando de los perdedores alcancé la libertad. Es este, la libertad, un bien que uno ha de entresacar bajo la superficie como se extrae un diamante de un yacimiento o una trufa del subsuelo del bosque. La superficie, en este caso, se compone esencialmente de clichés que la propia sociedad se ha dado a sí misma para esclavizarse: fundamentalmente el lujo y la posición social. Estas dos empalagosas golosinas son sutilmente utilizadas por el sistema para alimentar a los ganadores, también conocidos como triunfadores. 
El día que decidí perder, mis hijos me lo agradecieron. No me lo dijeron, pero lo pude sentir en poco tiempo. El hecho de tener la oportunidad de permitirse uno mismo tomar una decisión así lo considero el mayor de los privilegios. Ojalá todo el mundo tuviera la posibilidad de hacerlo.
Gracias a todos los que me enseñasteis a ver más allá de lo superfluo para llegar a ser un perdedor convencido.

martes, 20 de enero de 2009

El carisma y las masas

Según la Real Academia de la Lengua Española se define carisma como:
1. m. Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar.
2. m. Rel. Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad.
Parece ser que en las sociedades  democráticas avanzadas los candidatos a los más altos cargos de responsabilidad política deben contar como condición indispensable con esta "especial capacidad". Se debería analizar, en mi opinión, cual es la importancia que se le da a este condicionante dentro de las carreras universitarias, doctorados, estudios post doctorales o de máster y en las oposiciones más exigentes de la administración pública, al ser estos los niveles académicos y formativos más elevados en la actualidad. Es de suponer que, en la mayor parte de ellos, este aspecto resulta irrelevante o, al menos, secundario. Quizá sea un aspecto de cierta importancia, y en esto reconozco mi desconocimiento, en técnicas de márketing o periodismo.
Suponiendo que esto fuera así, estaríamos admitiendo que esta "especial capacidad" prima por encima de valores tan fundamentales como la preparación intelectual, la honestidad o la sensatez, por ejemplo. Es asombroso comprobar cómo, en muchas ocasiones, se emiten opiniones sarcásticas sobre personajes de indudable valía personal pero que sin embargo adolecen de carisma o, simplemente, resultan aburridos para la mayoría de la sociedad.
Esta circunstancia, sin embargo, puede tener a mi juicio una explicación. Lo que los partidos políticos demandan en realidad es a personajes con capacidad de acaparar el máximo de votos posible, por lo que sus dotes para fascinar a la población adquieren la mayor relevancia. Si esto se extrapolara a otras civilizaciones, teóricamente menos avanzadas que la nuestra, significaría que los hechiceros, vendedores de elixires, encantadores de serpientes o charlatanes serían los personajes que habrían llegado a los más altos niveles de responsabilidad política, por encima de los sabios o los ancianos de la tribu.
La sensatez y el sentido común chocan frontalmente contra la necesidad de manipular a la sociedad para perpetuarse en el poder. Lo más curioso es que, además, el hecho de tener carisma es frecuentemente utilizado por los analistas políticos como una virtud absoluta digna de admiración. La dependencia de este tipo de valores es lo que, a mi juicio, lleva a esperpentos como los que venimos observando en la política a nivel mundial en las sociedades avanzadas (entiéndase lo de avanzadas como un sarcasmo, por favor).